lunes, 28 de mayo de 2007


Otra vez trancón en la séptima.

Conocer a Bogotá implica conocer Monserrate, el centro, Transmilenio, la Plaza de Bolívar y sus palomas, la Iglesia del Divino Niño del 20 de Julio, Usaquén. Sin embargo, una corriente que trasciende lo físico está cada vez más presente en las calles de la capital, evidenciada por los innumerables trancones que forma en las principales rutas y por la inusual aglomeración de gente tomándose la vía pública.
Aunque las manifestaciones son de un carácter eminentemente político, la constante presencia en las calles las han convertido en una cotidianidad impresa en el imaginario colectivo de los bogotanos. En el mes de mayo ha habido más de 7 marchas, esta vez la causa es el Plan Nacional de Desarrollo que busca desentender al gobierno de los pasivos pensionales, situación que no agradó a profesores y estudiantes de universidades públicas.
Las movilizaciones empezaron con la celebración del ya famoso primero de mayo (día del trabajador), que no trastoca mucho el orden de las calles por ser un día de fiesta. Durante la jornada, los estudiantes deciden prolongar la movilización durante 2 días más para demostrar la inconformidad con el gobierno. La congregación de personas el 2 y 3 de mayo en el famoso recorrido por la séptima fue un mal golpe del destino para los capitalinos que necesitaban llegar a sus trabajos, y para los estudiantes, cuya excusa del paro no funcionaba, por encontrarse en épocas de parciales.
Transcurrida una semana de completo orden, los estudiantes de las universidades públicas se van de pupitrazo, colocando aquellos elementos maderosos en las calles 30 y 26 en el caso de la Universidad Nacional, y en la Plaza de Bolívar los estudiantes de la Universidad Distrital hacen su salón de clases alrededor del libertador. Esta vez los más afectados son aquellas personas que transitan la vía occidental.
Al día siguiente los bogotanos viajan tranquilos en sus respectivos medios de transporte, sabiendo de antemano que el paro no se repite dos días seguidos. En ese mismo momento, en el campus de la Universidad Nacional los estudiantes se unen con los de las otras universidades públicas del país, preparando una marcha carnaval que saldría a las 11 de la mañana por la calle 26 hasta tomar la séptima.
Los transeúntes anonadados, no contemplan un paro como culpable del trancón por la séptima. Sin embargo, las pancartas, los disfraces, las consignas y los bailes evidencian que ésta vez sus cálculos acerca de la beligerancia de éstos muchachos fueron pésimos.
Ahora es cuando surge la pregunta, si los gritos de los manifestantes ¡resistencia resistencia! , son un movimiento resistente a las iniciativas gubernamentales, o es un consejo para pasajeros y conductores indicándoles que tengan paciencia, porque al menos estarán una hora más sentados o parados –peor para los segundos- antes de llegar a sus lugares de destino.
A partir del 10 de mayo, hay una preocupación general que se evidencia en los corredores de oficinas y universidades privadas, quiénes ahora se preocupan por las causas de tanta anomalía. En términos generales la desinformación sobre el tema es total, pues los medios de comunicación hasta el momento, se han limitado a mostrar pocas imágenes.
La gente en Bogotá –y en especial los jóvenes- tienden a desconocer y a invisibilizar este tipo de reivindicaciones. Es por esto que en los buses, además de la inconformidad por el trancón se escuchan opiniones muy poco formadas desde un ámbito académico, como que los manifestantes son una boleta y que eso es para los pobres. Sería bueno que supieran que las manifestaciones son otra forma de hacer democracia, y que no son solo los pobres los que lo hacen, en Venezuela por ejemplo, protestan también los ricos.
La situación de orden público mejoró a partir de la fecha y, por lo menos en las calles, la tranquilidad hacía su regreso. Así transcurrieron 13 días con sus noches antes de que los eternos visitantes de la séptima se enteraran de aquello que se fraguaba al interior de las aulas.
La manifestación que se tenía pensada era sin precedentes, tanto para los interesados en ella, como para los que a diario utilizan las principales vías de la capital. La tan desgastada séptima no iba a ser la única afectada; La marcha tampoco sería una sola.
El 23 de mayo, las carreras afectadas fueron la séptima, la 30, la 13 y la 30 sur, así como las calles 53 y 72, por último la avenida Primera de Mayo. El caos se hizo presente en toda la ciudad, así como las irregularidades en el transporte; la ruta que tomo todos los días va por toda la séptima; por obvias razones esta ruta seria imposible de abordar, después de un debate interno dentro de la buseta donde me encontraba, se decidió elegir la avenida Circunvalar.
Como el conductor no sabía bien la ruta y eran tantas y tan distintas las explicaciones de cómo hacerlo, deambulamos un buen tiempo por las estrechas calles del barrio La Perseverancia, hasta poder llegar a la ruta escogida. Varias cuadras más tarde se vino sobre Bogotá una lluvia que incluía granizo, de tan grandes magnitudes que parecía auspiciado por la contraparte.
Me bajé entonces en la calle 53 con Circunvalar, para llegar hasta mi lugar de destino; la manifestación. Varias cuadras más abajo -en la carrera 13- se encontraban una parte de los manifestantes, intactos, a pesar de la lluvia. Consignas iban y venían desde que salieron de la sede de la Universidad Nacional, sin embargo los intentos de rayar con sus sprays las calles eran inútiles, todo a causa de la incesante lluvia.
Esa noche, se hicieron visibles los problemas en televisión con la alocución presidencial, la movilización logró trastocar el orden en más de una vía principal. El presidente amenazaba con no pagar sueldos a los que se encontraran en estas luchas populares, descuidando por ende, su trabajo.
Los estudiantes no se han manifestado de nuevo, de cualquier manera el paro continúa indefinidamente y se encuentran acampando en las universidades. Los viajeros de la séptima andan con cautela, informados ahora del paro que se encuentra próximo a cumplir un mes.
El orden en las calles no volvió a ser el mismo y los manifestantes se han hecho sentir, sin estar presentes, en el miedo general que existe de encontrarse mal parado en el centro y enterarse demasiado tarde de que va a haber protesta.
Por otro lado, pienso que la mejor forma de pasar una marcha es estando dentro de ella, así se evita el calor dentro de la buseta y las constantes quejas del conductor que a nada conllevarán. De igual manera -así como Bogotá- las protestas son cada vez más coloridas, llenas de arte, más bailables.
Las protestas no son nuevas en lo absoluto, pero ahora que parecen estar incrementándose sin saber qué tanto, podría ser una de las formas de entender y conocer a Bogotá, no sólo caminando por la mitad de la séptima sino sintiendo y pensando cómo lo hacen más de 40.000 bogotanos. Ya que el estadio Nemesio Camacho “El Campín” no podrá ser nunca un destino turístico por odios profundos a los equipos bogotanos, las marchas vendrían siendo el destino más concurrido por los capitalinos.
Ahora bien, si usted es un turista y quiere una nueva visión sobre su viaje a Bogotá, bien podría hacer el recorrido desde la Plaza de Toros por toda la séptima hasta llegar a la Plaza de Bolívar; así no solo habrá conocido 2 destinos turísticos, sino que podrá sentir esa Bogotá que no aparece en las guías turísticas. La Bogotá que también es injusta, pero que busca reivindicaciones y que grita por ellas, la Bogotá donde existen conflictos, donde existe un caos cada tanto, la Bogotá beligerante donde cada uno lucha desde su bando, pero donde a final de cuentas se cohabita un poquito más cerca de las estrellas. La próxima vez que visite Bogotá trate de verla desde más de una visión pero sobretodo, si su destino involucra la séptima, no lo piense 2 veces; eso sí tenga en cuenta, que como siempre en esta ciudad, sabrá la hora de salida pero nunca la de llegada.

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