lunes, 28 de mayo de 2007


Lúdico
La opinión no es un juego.

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Sofía Guevara Camargo.


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Redacción

Sofía Guevara Camargo.


Enfermedad de la frontera.

Eufórico, es el único apelativo que se le puede dar a la mayoría de los colombianos que siguen partidos tras partidos, la epopéyica campaña del Cúcuta Deportivo en la Copa Libertadores. Pues no es raro que estos sentimientos afloren en el corazón de los colombianos, que pertenecemos a un pueblo criado a punta de telenovelas donde la pobre (que muchas veces es huérfana o tiene que dejar a su familia abandonada en su pueblo natal), al final termina millonaria o siempre lo fue, pero sus enemigos se lo tenían oculto.
Y es esto es lo que le sucede al Cúcuta, quien en décadas anteriores fue la “caja de cuadre” de los equipos del rentado nacional, pues tras diez años de estar en la segunda división gana el torneo e inmediatamente consigue su primer título del fútbol profesional y sin dar respiro a su formidable cabalgata ha conseguido ubicarse entre los cuatro semifinalistas de la Copa Libertadores.
Este último logro hay que tomarlo con calma y no aferrarse a que se repetirá lo mismo que ocurrió en 2004 con el Once Caldas. No hay que negar los excelentes planteamientos tácticos del profesor Bernal y el coraje del onceno motilón, quienes evocan a sus antepasados indígenas, pero los rivales que ha afrontado el Cúcuta (a excepción del Gremio de Porto Alegre en la ronda clasificatoria) no han sido de peso y no es que así no valgan los títulos, pero habrá de demostrar su talento dejando el alma en la cancha ante el rival más poderoso del continente, el Boca Juniors y toda la presión de su inmensa hinchada.
Suerte para el cuadro rojinegro en lo que podría ser la campaña de su historia y convertirse en el tres veces glorioso Cúcuta Deportivo.


Gabriel García Márquez; un ilusionista que no tuvo más remedio que escribir.

Para un colombiano, y cada vez para más personas en el mundo el nombre de Gabriel García Márquez les es conocido como el autor de Cien años de soledad, además de ser el único premio Nobel de literatura que ha ganado este país. Es probable que también sepan que nació en Aracataca, lugar que muchos consideran es el mismo Macondo (territorio donde se llevan a cabo varias de sus historias), y que es uno de los escritores más importantes del llamado boom latinoamericano.
Su infancia, según cuenta en su autobiografía Vivir para contarla, transcurrió tranquila en su lugar de origen, sin embargo se trasladó a la ciudad de Barranquilla para estudiar, donde posteriormente fue reportero en el periódico El Heraldo, de esa misma ciudad.
A pesar de que su vida en la escritura la inició en el periodismo, (ya que además de trabajar en El Heraldo, lo hizo en El Universal y El Espectador), Gabo cuenta que no tenía la rigurosidad suficiente para ser un buen periodista, así que decidió encaminar su vida por la vía de la literatura.
Como escritor, Gabriel García Márquez ha escrito Los funerales de la mamá grande, Vivir para contarla, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto, Crónicas de una muerte anunciada entre otras publicaciones. Asimismo el Nobel ha incursionado en la pantalla grande.
Como persona, Gabo demuestra ser muy amplio y en sus propias palabras es un “mamagallista”, ya que disfruta del buen humor que como costeño le es propio. Al preguntarle por el Nobel cita textualmente, “no me jodan más con eso. Me gustaría ganarme un concurso de belleza”.
La música también es una de sus grandes pasiones, los boleros y vallenatos son sus ritmos preferidos, música que se escuchó, quizás por única vez en Suecia, mientras Gabo recibía el Nobel, lo acompañaban las notas de los hermanos Zuleta y totó la momposina. “Siempre digo mi lema. Lo único mejor que la música, es hablar de música. Sigo creyendo que es la pura verdad”.
En el tema de la política ha sido mas bien controvertido, debido a la amistad que comparte con Fidel Castro, sin embargo el prefiere limitarse a decir que la política es importante en tanto que existe dentro de la realidad de los países y que es fundamental conocer la realidad de los países como parte de la propia identidad, pero que en esos asuntos no se mete y que lo de Fidel no es más que una muy buena amistad.
A sus 80 años, Gabriel García Márquez ha cosechado muchísimos éxitos alrededor del mundo con sus novelas, llegando a ser el escritor mas notable de su país natal y uno de los mejores de América Latina. Como quien concibe su futuro antes de vivirlo, la feria del libro le hace un homenaje a sus 80 años de vida, 60 del primer cuento, 40 de Cien años de soledad y 25 del Nobel al escritor que quería ser prestidigitador.


Raúl Gómez Jattin; el poeta de las calles

Aquel poeta de Cereté, habitaba los caminos de esa Cartagena, cuando Transcaribe no le había quitado la virginidad a sus calles, y cuando entre la calle de las damas y la de los siete infantes no existía un solo extraño. En realidad dormía donde se le aparecía la noche, sin mas compañía que unos cuantos versos que guardaba, en un cuaderno viejo, feo y amarillento, que no difería del protagonista de esta historia.
Su nombre era Raúl, y todos sabían que era poeta, que había ganado algunos premios y que era respetado en la capital –allá donde sus gentes, tienen gusto por las cosas extravagantes-, todos sabían que había escritos libros, pero sobretodo sabían muy bien que era loco.
Al igual que sus poemas, caminaba mendigando granadillas y sonrisas, las gentes anacrónicas del centro de la ciudad sentían lastima por el, ante todo, porque era de buena familia, y porque su vida la había echado por la borda debido a las drogas.
Pero Raúl no pensaba de la misma manera, sentía que no era el equivocado, más bien era el incomprendido, pues si algo tenia seguro es que no era como los demás, como los de la ciudad que lo vio nacer, o como los del pueblo que lo vio crecer, Raúl sabia, a ciencia cierta que era un genio, que tal vez nació en el lugar o en el siglo equivocado.
De esas gentes se burlaba, pues las encontraba ignorantes, el era un hombre realmente libre, quien no soportó las ataduras de un mundo lleno de contradicciones y falsedades, un mundo que seguramente entendía y por lo tanto despreciaba.
Sus últimos años de vida realmente fueron dolorosos, inclusive para el mismo, vagando por las calles una y otra vez, cada vez más viejo, más sucio, más solo, pero sobretodo cada vez más acabado de tanto andar y no llegar, de tanto hablar y no ser escuchado, de tanto ruido de voces internas, ya que el exterior, prefirió obviar el poeta.
Su muerte fue ante todo escandalosa, ya que un caluroso día (como cualquiera en Cartagena), decidió acabar con su vida, o quizás fue la vida quien decidió acabar con él. Así que muy temprano en la mañana, decidió abalanzársele a un bus, para ya no ver más aquella ciudad que lo vio nacer y que ahora lo veía morir, pero que jamás vio formar el poeta.
Ahora su nombre es muy bien conocido, ahora que se fue sus gentes lo respetan, y de cierta manera lo comprenden, tenias razón Raúl, son gentes horribles.
Raúl Gómez Jattin, el mendigo, el loco, el poeta, no les haces mucha falta, pero como haces de falta. Poeta, yo misma me arrepiento, que a mis buenos 11 años tu aspecto me haya asustado, y me haya obligado a cruzar la calle para no tener que encontrarme con la genialidad de tu espíritu.
Sólo me queda la satisfacción de saber, que si tus poemas eran un reflejo de tu espíritu, de tus sentimientos, estarás mejor donde te encuentres, ya que tu cuerpo no será de nuevo el carcelero de tu alma.


Alberto fuguet no habla ya de McOndo.

Alberto Fuguet es un escritor chileno que nació en 1964, pero que vivió en Estados Unidos hasta los 13 años. Aparte de de escritor, Fuguet es periodista de la Universidad de Chile, además de ser conocido como novelista también es guionista de la pantalla grande.
Los intereses del periodista acerca de la literatura son claros, ya que tras vivir su infancia en Estados Unidos heredó el gusto por la cultura pop, corriente que plasma en cada uno de sus escritos.
Entres sus obras se encuentran, Sobredosis, Mala onda, Tinta roja, McOndo, Las películas de mi vida y Por favor rebobinar. En ellas puede observarse agudeza en sus comentarios, así como un lenguaje muy urbano.
Fuguet también hace parte de una nueva ola de cine chileno, donde se ha destacado como libretista, además de haber llevado una de sus novelas a la pantalla grande.
Alberto Fuguet es un escritor joven, de la nueva onda narrativa chilena, quien desde hace 10 años obtuvo un reconocimiento mayor gracias a que perteneció a un movimiento que está en contra del boom latinoamericano (realismo mágico), y que por ende busca reivindicar a Latinoamérica como una urbe, alejándola de la concepción provinciana que podía tener el resto del mundo sobre nuestros países.
Ahora no quiere hablar más del realismo mágico ni tampoco de Mcondo, pues dice que es una etapa pasada, y que tampoco supieron entender del todo lo que quería decir con este movimiento, sin embargo en su blog http://www.albertofuguet.blogspot.com/, siempre se encuentra uno que otro comentario al respecto.
El escritor chileno, visitó hace poco nuestro país con el propósito de mostrar en la feria del libro su mas reciente film, Se arrienda. Alberto Fuguet es un hombre irreverente y tranquilo, pese a que estuvo poco dispuesto a colaborar con los periodistas ya que, por encontrarse en Colombia, temía que le preguntaran sobre Mcondo.
Sin embargo, con respecto a su película afirmó; "Es difícil hablar sobre esa película -dice-, porque estoy súper involucrado en una nueva, que comenzaré a filmar en septiembre. Como con los libros, en las películas la parte más importante sucede antes de que salgan. Uno no filma mucho, máximo durante un mes. La preproducción es más larga. Por lo tanto, siento que ya estoy filmando mi segunda película".
Actualmente el escritor se encuentra envuelto en varios proyectos que son; como escritor en el periódico El Mercurio, filmando la película Perdidos y escribiendo un libro que se titulará Missing.


Otra vez trancón en la séptima.

Conocer a Bogotá implica conocer Monserrate, el centro, Transmilenio, la Plaza de Bolívar y sus palomas, la Iglesia del Divino Niño del 20 de Julio, Usaquén. Sin embargo, una corriente que trasciende lo físico está cada vez más presente en las calles de la capital, evidenciada por los innumerables trancones que forma en las principales rutas y por la inusual aglomeración de gente tomándose la vía pública.
Aunque las manifestaciones son de un carácter eminentemente político, la constante presencia en las calles las han convertido en una cotidianidad impresa en el imaginario colectivo de los bogotanos. En el mes de mayo ha habido más de 7 marchas, esta vez la causa es el Plan Nacional de Desarrollo que busca desentender al gobierno de los pasivos pensionales, situación que no agradó a profesores y estudiantes de universidades públicas.
Las movilizaciones empezaron con la celebración del ya famoso primero de mayo (día del trabajador), que no trastoca mucho el orden de las calles por ser un día de fiesta. Durante la jornada, los estudiantes deciden prolongar la movilización durante 2 días más para demostrar la inconformidad con el gobierno. La congregación de personas el 2 y 3 de mayo en el famoso recorrido por la séptima fue un mal golpe del destino para los capitalinos que necesitaban llegar a sus trabajos, y para los estudiantes, cuya excusa del paro no funcionaba, por encontrarse en épocas de parciales.
Transcurrida una semana de completo orden, los estudiantes de las universidades públicas se van de pupitrazo, colocando aquellos elementos maderosos en las calles 30 y 26 en el caso de la Universidad Nacional, y en la Plaza de Bolívar los estudiantes de la Universidad Distrital hacen su salón de clases alrededor del libertador. Esta vez los más afectados son aquellas personas que transitan la vía occidental.
Al día siguiente los bogotanos viajan tranquilos en sus respectivos medios de transporte, sabiendo de antemano que el paro no se repite dos días seguidos. En ese mismo momento, en el campus de la Universidad Nacional los estudiantes se unen con los de las otras universidades públicas del país, preparando una marcha carnaval que saldría a las 11 de la mañana por la calle 26 hasta tomar la séptima.
Los transeúntes anonadados, no contemplan un paro como culpable del trancón por la séptima. Sin embargo, las pancartas, los disfraces, las consignas y los bailes evidencian que ésta vez sus cálculos acerca de la beligerancia de éstos muchachos fueron pésimos.
Ahora es cuando surge la pregunta, si los gritos de los manifestantes ¡resistencia resistencia! , son un movimiento resistente a las iniciativas gubernamentales, o es un consejo para pasajeros y conductores indicándoles que tengan paciencia, porque al menos estarán una hora más sentados o parados –peor para los segundos- antes de llegar a sus lugares de destino.
A partir del 10 de mayo, hay una preocupación general que se evidencia en los corredores de oficinas y universidades privadas, quiénes ahora se preocupan por las causas de tanta anomalía. En términos generales la desinformación sobre el tema es total, pues los medios de comunicación hasta el momento, se han limitado a mostrar pocas imágenes.
La gente en Bogotá –y en especial los jóvenes- tienden a desconocer y a invisibilizar este tipo de reivindicaciones. Es por esto que en los buses, además de la inconformidad por el trancón se escuchan opiniones muy poco formadas desde un ámbito académico, como que los manifestantes son una boleta y que eso es para los pobres. Sería bueno que supieran que las manifestaciones son otra forma de hacer democracia, y que no son solo los pobres los que lo hacen, en Venezuela por ejemplo, protestan también los ricos.
La situación de orden público mejoró a partir de la fecha y, por lo menos en las calles, la tranquilidad hacía su regreso. Así transcurrieron 13 días con sus noches antes de que los eternos visitantes de la séptima se enteraran de aquello que se fraguaba al interior de las aulas.
La manifestación que se tenía pensada era sin precedentes, tanto para los interesados en ella, como para los que a diario utilizan las principales vías de la capital. La tan desgastada séptima no iba a ser la única afectada; La marcha tampoco sería una sola.
El 23 de mayo, las carreras afectadas fueron la séptima, la 30, la 13 y la 30 sur, así como las calles 53 y 72, por último la avenida Primera de Mayo. El caos se hizo presente en toda la ciudad, así como las irregularidades en el transporte; la ruta que tomo todos los días va por toda la séptima; por obvias razones esta ruta seria imposible de abordar, después de un debate interno dentro de la buseta donde me encontraba, se decidió elegir la avenida Circunvalar.
Como el conductor no sabía bien la ruta y eran tantas y tan distintas las explicaciones de cómo hacerlo, deambulamos un buen tiempo por las estrechas calles del barrio La Perseverancia, hasta poder llegar a la ruta escogida. Varias cuadras más tarde se vino sobre Bogotá una lluvia que incluía granizo, de tan grandes magnitudes que parecía auspiciado por la contraparte.
Me bajé entonces en la calle 53 con Circunvalar, para llegar hasta mi lugar de destino; la manifestación. Varias cuadras más abajo -en la carrera 13- se encontraban una parte de los manifestantes, intactos, a pesar de la lluvia. Consignas iban y venían desde que salieron de la sede de la Universidad Nacional, sin embargo los intentos de rayar con sus sprays las calles eran inútiles, todo a causa de la incesante lluvia.
Esa noche, se hicieron visibles los problemas en televisión con la alocución presidencial, la movilización logró trastocar el orden en más de una vía principal. El presidente amenazaba con no pagar sueldos a los que se encontraran en estas luchas populares, descuidando por ende, su trabajo.
Los estudiantes no se han manifestado de nuevo, de cualquier manera el paro continúa indefinidamente y se encuentran acampando en las universidades. Los viajeros de la séptima andan con cautela, informados ahora del paro que se encuentra próximo a cumplir un mes.
El orden en las calles no volvió a ser el mismo y los manifestantes se han hecho sentir, sin estar presentes, en el miedo general que existe de encontrarse mal parado en el centro y enterarse demasiado tarde de que va a haber protesta.
Por otro lado, pienso que la mejor forma de pasar una marcha es estando dentro de ella, así se evita el calor dentro de la buseta y las constantes quejas del conductor que a nada conllevarán. De igual manera -así como Bogotá- las protestas son cada vez más coloridas, llenas de arte, más bailables.
Las protestas no son nuevas en lo absoluto, pero ahora que parecen estar incrementándose sin saber qué tanto, podría ser una de las formas de entender y conocer a Bogotá, no sólo caminando por la mitad de la séptima sino sintiendo y pensando cómo lo hacen más de 40.000 bogotanos. Ya que el estadio Nemesio Camacho “El Campín” no podrá ser nunca un destino turístico por odios profundos a los equipos bogotanos, las marchas vendrían siendo el destino más concurrido por los capitalinos.
Ahora bien, si usted es un turista y quiere una nueva visión sobre su viaje a Bogotá, bien podría hacer el recorrido desde la Plaza de Toros por toda la séptima hasta llegar a la Plaza de Bolívar; así no solo habrá conocido 2 destinos turísticos, sino que podrá sentir esa Bogotá que no aparece en las guías turísticas. La Bogotá que también es injusta, pero que busca reivindicaciones y que grita por ellas, la Bogotá donde existen conflictos, donde existe un caos cada tanto, la Bogotá beligerante donde cada uno lucha desde su bando, pero donde a final de cuentas se cohabita un poquito más cerca de las estrellas. La próxima vez que visite Bogotá trate de verla desde más de una visión pero sobretodo, si su destino involucra la séptima, no lo piense 2 veces; eso sí tenga en cuenta, que como siempre en esta ciudad, sabrá la hora de salida pero nunca la de llegada.