lunes, 28 de mayo de 2007


Enfermedad de la frontera.

Eufórico, es el único apelativo que se le puede dar a la mayoría de los colombianos que siguen partidos tras partidos, la epopéyica campaña del Cúcuta Deportivo en la Copa Libertadores. Pues no es raro que estos sentimientos afloren en el corazón de los colombianos, que pertenecemos a un pueblo criado a punta de telenovelas donde la pobre (que muchas veces es huérfana o tiene que dejar a su familia abandonada en su pueblo natal), al final termina millonaria o siempre lo fue, pero sus enemigos se lo tenían oculto.
Y es esto es lo que le sucede al Cúcuta, quien en décadas anteriores fue la “caja de cuadre” de los equipos del rentado nacional, pues tras diez años de estar en la segunda división gana el torneo e inmediatamente consigue su primer título del fútbol profesional y sin dar respiro a su formidable cabalgata ha conseguido ubicarse entre los cuatro semifinalistas de la Copa Libertadores.
Este último logro hay que tomarlo con calma y no aferrarse a que se repetirá lo mismo que ocurrió en 2004 con el Once Caldas. No hay que negar los excelentes planteamientos tácticos del profesor Bernal y el coraje del onceno motilón, quienes evocan a sus antepasados indígenas, pero los rivales que ha afrontado el Cúcuta (a excepción del Gremio de Porto Alegre en la ronda clasificatoria) no han sido de peso y no es que así no valgan los títulos, pero habrá de demostrar su talento dejando el alma en la cancha ante el rival más poderoso del continente, el Boca Juniors y toda la presión de su inmensa hinchada.
Suerte para el cuadro rojinegro en lo que podría ser la campaña de su historia y convertirse en el tres veces glorioso Cúcuta Deportivo.

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